El desgarrador ‘Ha pasado un minuto y queda una vida’

Lluís Abbou

 

Dice Gabriela Consuegra, la autora del conmovedor Ha pasado un minuto y queda una vida (Temas de Hoy), que espera que este libro reúna a los lectores alrededor de una mesa que encabeza su padre. Él nos pediría, con güisqui en mano, qué queremos beber, convenciéndonos de que güisqui, cerveza y vino en ese preciso y extraño orden. Dice que también haría algún comentario ingenioso, divertido para hacernos reír y romper el hielo. También afirma que nos miraríamos entre nosotros cuestionando con qué personaje compartimos mesa. Y eso es, realmente, la mejor manera para describir el testimonio poético que ha escrito Gabriela Consuegra. Una de las frases iniciales ya establece el tono de la obra, y demuestra la sutileza de Consuegra: “Vivimos temiendo a la muerte cuando en realidad le tememos a la despedida.” Sorprende que esta sea la primera publicación de esta caraqueña afincada en A Coruña.

Una célula de Álvaro se transforma, muta, se reprograma y se niega a morir. Al poco tiempo, desgraciadamente, vienen más y se rebelan ante el organismo y se reproducen y forman masas y bultos. Con ellas llegan los síntomas y el diagnóstico. Álvaro no está solo, porque su hija Gabriela está ahí. Es ella quien narra estos últimos días y esta historia, la de una familia que se enfrenta a un destino feroz y a la rabia y a la desolación de un futuro que se convierte en amenaza inminente. Este es un libro sobre la experiencia universal de la muerte. Es un libro que asusta y hace reflexionar. Aunque Consuegra escriba desde la distancia, a toro pasado, consigue situar al lector ante un espejo para hablar del miedo que tenemos los humanos a morir y a que mueran los demás. Es un texto para aceptar y reconocer lo poco preparados que estamos para cuidar a quien cuidó de nosotros. Es un relato elaborado a partir de recuerdos, porque Gabriela Consuegra prefiere “el dolor antes que el olvido, que es la verdadera pérdida absoluta”.

Ha pasado un minuto y queda una vida consigue quitarle a la muerte su carácter definitivo y hace que los que ya no están vuelvan a vivir. La sutiliza de la pluma de Consuegra hace que este bello libro se convierta en una carta de amor de una hija destrozada por el dolor, pero llena de esperanza y recuerdos, a su querido padre. Consuegra consigue encoger el corazón a su lector.

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