Amistades en grandes ciudades

Opinió / Lluís Abbou

 

Hace unas semanas en un programa de la televisión balear debatían las diferencias entre la vida en un pueblo o en una ciudad. Conecté con IB3 a través de una video llamada y les conté porque me gustaba una ciudad. Sin embargo, vivir en una metrópoli a veces no es fácil. Soy consciente de lo difícil que puede ser la soledad que uno puede sentir cuando no está en casa.

Diferentes investigaciones han demostrado que la soledad es un problema de salud mental muy importante y un riesgo para la salud pública potencialmente mayor que el tabaquismo y la obesidad. En 2017 el gobierno del Reino Unido nombró a un ministro para la soledad, Jo Cox Commission on Loneliness, para ayudar a solucionar un problema que afecta a unos 9 millones de británicos, jóvenes y mayores, y del que no somos conscientes.

Sentirse solo en una ciudad es algo desorientador. Estás en un lugar que, aparentemente, está diseñado específicamente para la diversión. Ruidos fuertes, horizontes cinematográficos y servicios disponibles las 24 horas del día mientras tú estás solo en casa viendo la televisión hasta altas horas de la madrugada. Cuando estás solo todas esas diversiones solamente sirven para burlarse de tu aparente incapacidad para disfrutarlas. En realidad, las ciudades no están diseñadas para conocer gente con la que pasárselo bien.

Las presiones y el gasto de trabajar (o estudiar) y vivir a menudo significan que las personas están demasiado agotadas o mosqueadas para socializar. Probablemente tengas a tus vecinos por encima o por debajo en lugar de a tu lado y sólo hablas con ellos dos veces al año: una cuando de tu piso se escucha la canción “Breathe” a todo volumen y otra cuando les dejan un paquete tuyo (o viceversa). La facilidad de las redes sociales online ha hecho que las redes en la vida real parezcan incómodas y consuman mucho tiempo. Es difícil encontrar una comunidad en una ciudad nueva.

Sin embargo, seguimos recurriendo al modelo de formación de amistades que aprendimos de generaciones anteriores. Suponemos que todo el mundo conoce a sus mejores amigos en la escuela o en la universidad, se mudan juntos al mismo lugar y viven en pisos sorprendentemente grandes en la misma calle. La verdad es más complicada: hay amigos que conoces en el trabajo, amigos que conoces a través de una pareja, amigos que mantienes una vez que termina la relación con esa persona. Las amistades ocurren en las pistas de baile, en la cola del baño o en una fiesta.

Sospecho que la “amistad orgánica” es una falacia en la edad adulta. Creo que debes sentirte cómodo con la idea de una “amistad modificada genéticamente”. Esto no significa que tengas que forzar la conexión si realmente está ausente pero sí tienes que ser proactivo para conocer gente nueva y en ocasiones tendrás que hacer cosas que jamás habrías hecho.

Tampoco ayuda que la charla real, cara a cara, ahora parezca haberse convertido en algo incómodo. En festejos, en alguna ocasión me encuentro en una habitación llena de extraños apoyándome en cosas, sin saber qué hacer con mis manos y sin tener nada que preguntar a nadie más que cómo llegaron a la fiesta. Presentarte a amigos potenciales requiere un poco de valentía, pero sólo es extraño durante los primeros minutos.

Sólo sé que nadie está solo en su soledad. Lo prometo. Todos, en algún momento, todos nos hemos sentido solos en el lugar que decidimos llamar hogar. Tienes que consolarte en ese hecho la próxima vez que mires a las personas que caminan hacia su trabajo, con los ojos en el suelo y los auriculares en sus oídos. O en aquellos que comen una ensalada sobre el teclado del ordenador de su oficina. O en el chico torpemente inclinado sobre una encimera de granito de una cocina desconocida bebiendo en un vaso de plástico mientras espera que alguien le diga cómo ha llegado al guateque.

Print Friendly, PDF & Email