John le Carré, más que un espía

Opinió / Lluís Abbou

Como será tristemente bien sabido a estas alturas, el escritor británico David Cornwell, conocido internacionalmente como John le Carré, falleció a los 89 años el pasado sábado 12 de diciembre en Cornwall, al suroeste de Inglaterra.

David Cornwell fue abandonado por su madre cuando era un bebé y fue confiado a un padre que frecuentemente estaba en bancarrota o encarcelado. Pasó una juventud atormentado por problemas económicos (en sus memorias escribió haber fingido “tener una vida hogareña estable con padres reales”); pero finalmente encontró fama y gloria como escritor publicado bajo un seudónimo (en 1993 recibió por su novela El infiltrado un anticipo de 5 millones de dólares por parte de su editor americano y más de 500.000 libras del británico). David Cornwell ha muerto siendo uno de los escritores ingleses más importantes.

David Cornwell fue enviado al internado Sherborne, al suroeste de Inglaterra, y se marchó a los 16 años porque detestaba el lugar. Se mudó a Suiza, donde aprendió alemán. Durante estos años fue reclutado por funcionarios consulares de la Embajada Británica para informar sobre los izquierdistas de la zona. Sobre esta etapa escribió en su autobiografía Volar en círculos (2016): “Ahora me sorprende que todo lo que me ha sucedido en la vida fue consecuencia de esa decisión adolescente impulsiva de salir de Inglaterra por la ruta disponible más rápida y de abrazar a la musa alemana como madre sustituta.”

Cornwell se convirtió en un recluta ocasional y esta tenue conexión con los servicios secretos continuó durante algunos años. Después de finalizar el Servicio Nacional obligatorio, fue a la reconocida universidad de Oxford para estudiar idiomas modernos. Una vez graduado, enseñó francés y alemán en el prestigioso internado masculino Eton College (en una entrevista en 2018 describiría a los etonianos como “una maldición absoluta sobre la tierra, dejando esa escuela con un sentido de derecho y una postura cultural sobreeducada”). Volviendo atrás, mientras aún en Oxford, realizó más trabajos encubiertos espiando a sus amigos asociados a la izquierda, registrando sus habitaciones y escribiendo informes sobre sus inclinaciones políticas.

En 1958, David Cornwell se unió al MI5 y al poco tiempo se trasladó al MI6, donde su fluidez en alemán le aseguró un puesto. La época de Cornwell como James Bond (personaje que no era de su agrado y que describió como un “gánster neofascista”) fue bastante breve. Había comenzado a escribir novelas y tuvo que utilizar otro nombre, John le Carré. El seudónimo era necesario debido a su trabajo secreto: sus primeras novelas tuvieron que ser enviadas a un comité del Ministerio de Relaciones Exteriores para ser examinadas por posibles filtraciones (“Escribí El espía que surgió del frío a los treinta años bajo un estrés personal intenso y en extrema privacidad”).

La célebre carrera de John le Carré como autor abarcó cincuenta y ocho años y sus obras encabezaron las listas de bestsellers mundiales en cada década desde los 60 en adelante. Su catapulta al estrellato mundial fue la publicación de su tercera novela en 1963, El espía que surgió del frío, y la revelación al público de su etapa como agente los servicios secretos británicos. Dedicando su vida a la escritura, definió mejor que nadie la Guerra Fría con la ayuda de su creación literaria el espía George Smiley. A través de sus complejas tramas y hermosa prosa, le Carré consiguió emitir un rayo una luz sobre las injusticias de nuestro mundo. La novela El topo llegó a mediados de los 70, y poco después lo hizo la serie de televisión con Alec Guinness como Smiley.

La década de 1980 trajo consigo la novela que a menudo se describe como su obra maestra: Un espía perfecto. Con la caída del Muro de Berlín, el enfoque del británico con seudónimo francés se extendió más allá de las relaciones entre la Unión Soviética, el Reino Unido y los Estados Unidos, y abarcó el comercio de armas en El inflitrado (1993). En la primera década del nuevo milenio, John le Carré nos regaló El jardinero fiel, una apasionada crítica de las grandes farmacéuticas que fue adaptada al cine en 2005. En 2017, después de más de 25 años, le Carré volvió a contar con George Smiley en El legado de los espías. Su última novela, Un hombre decente, fue publicada en octubre de 2019.

A lo largo de su vida, David Cornwell escribió veinticinco novelas y ha vendido más de sesenta millones de copias de sus libros, que han sido traducidos a más de treinta idiomas y adaptados al cine y la televisión en numerosas ocasiones. Cornwell nunca se sintió del todo a gusto con las instituciones y los miembros de las altas esferas británicas. Se afirma que rechazó una alta condecoración de la reina Isabel II, pero aceptó la medalla Goethe de Alemania. Aunque tenía el estilo de un conservador, votaba a la derecha y criticó duramente la intervención de Reino Unido en Irak. Era humanista pero no optimista. Quería viajar solo y discretamente cuando investigaba sus libros y para escribirlos se encerraba en su casa blanca de Cornwall con vistas al mar.

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