Opinió / Lluís Abbou

En 2017 la revista Cosmopolitan se asoció con la plataforma de citas online Tinder para saquear su base de datos y analizar los trece perfiles más populares en Reino Unido. En 2018 dieron un paso más y pasaron a revelar anualmente los 30 solteros más populares ––una selección que incluye hombres, mujeres y usuarios de género neutro.

La lista es bastante predecible: está Charlotte con los pómulos altos y haciendo morritos; Robyn con su bronceado intenso y los labios carnosos estilo Kardashian; Amy tiene una sonrisa normal pero bonita y un voluminoso cabello rubio; y Vincent tiene unos bíceps claramente trabajados en un gimnasio del sur de Londres cinco veces por semana.

Tinder es una aplicación visual: un escaparate donde un conjunto de abdominales o pechos grandes con una sonrisa perfecta se vende más rápido que la inteligencia y los intereses variados. No estoy sorprendido de que los más deslizados hacia la derecha (se desliza hacia la derecha la foto de alguien para indicar que te gusta) sean los usuarios de Tinder que son genéricamente más atractivos en términos de 2020. Un grupo de gente que bien podría ser el reparto de cualquier Gran Hermano.

Lo que me resulta más interesante son las biografías: un espacio útil para el resto de nosotros, los mortales, para dar pie a nuestras fotos bonitas posando con el perro de un amigo como una prueba de personalidad. Para esos 30, no se necesita tal evidencia. Dichas biografías van desde las aburridas (“nombre y ubicación”; “nombre universidad y usuario Instagram”) pasando por las moderadamente agradables (“me gustan los perros y entre mis hobbies está salir con mis amigos y viajar”; “amo el aire libre y los perros”) hasta llegar a las vagamente arrogantes (“Dejo intencionalmente este espacio en blanco para que sólo me puedas juzgar por mi aspecto”).

Si estos treinta humanos son los más populares de Tinder es porque nos hemos interesado en ellos, superficialmente. Lo que no tiene en cuenta esta investigación es cuántas veces ese “deslizar a la derecha” se convierte en buenas conversaciones, cuántas de esas buenas conversaciones son una excelente primera cita y cuántas de esas excelentes primeras citas conducen a una excelente tercera, cuarta y quinta cita.

Es muy fácil reducir el mundo virtual a imaginario y ficticio, pero dado que la mayoría de nosotros pasamos gran parte de nuestro tiempo en la red sería estúpido discutir que el comportamiento humano cotidiano no se refleja en ella. Creo que este repertorio anual demuestra exactamente eso. Hay gente que tiene enjambres de atención iniciales gracias a las fotos de sus rostros simétricos y cuerpos envidiables, pero esas mismas personas seguramente reciban la misma atención un bar.

No me importa que un número selecto de personas tenga ventaja en las aplicaciones de citas debido a su aspecto. Esto también sucede en la vida real. La apariencia de alguien se tiene en cuenta cuando buscas pareja. Sin embargo, la belleza no puede crear química, no puede haceros compatible y, ciertamente, no puede mantener una relación.

Lo que Tinder no replica es el otro tipo de realidad ––la mujer cuyo sentido del humor y energía infecciosa hacen que todos se enamoren de ella o ese chico simpático que puede convencer a cualquiera de ir a tomar una copa con él. Hay personas que, por cualquier razón, tienen mucho éxito en las citas y en el amor pero no necesariamente llaman la atención.

También hay que recordar que Tinder ahora tiene unos 57 millones de usuarios. Este top 30 es solamente una gota en el océano de parejas potenciales. A medida que Tinder crece en uso, también lo hace su rango demográfico. Hay todo tipo de personas en la aplicación; miles de historias de amor diferentes esperando a suceder. Y realmente todos sabemos cuál es la mejor parte, y la más complicada. No es que la gente te quiera (aunque eso sea agradable), sino encontrar el amor y aferrarse a él.

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