Un no cuento de hadas: Pilar número trece (III)

Opinió / Lluís Abbou

“La van a matar”, dijo Fergie (ex Duquesa de York) algunas semanas antes del accidente. El acoso de los paparazzi a la princesa Diana era ya preocupante. Una persona pública, tan pública como Diana, fotografiada diariamente durante 17 años, protagonista de la más célebre historia de amor y odio, casi reina del imperio más antiguo del mundo y madre del futuro rey de Inglaterra, ¿tenía legítimo derecho a una vida privada? Se sabe que Dodi, tiempo atrás, había contratado a un relacionista público para darse a conocer en Hollywood y luego mejorar su imagen ante los ingleses. Paradójico. Con Diana, sin embargo, empezaba a conocer las virtudes ––y la necesidad–– de privacidad. Su padre, Mohamed Al-Fayed, no es una persona grata en los más altos círculos de Gran Bretaña, a pesar de su enorme fortuna. Ha estado en ceremonias oficiales de la realeza desde hace varias décadas, pero por nada se le otorga la nacionalidad a la que él tanto aspira.

La noche del 31 de agosto de 1997, ahora hace 23 años, el chofer oficial abandonó el Ritz de Paris, solo, como señuelo. Quedó al volante del coche de la pareja Henri Paul, un veterano hombre de seguridad del hotel y experto en conducir Mercedes Benz blindados. El problema, aún por confirmar, era que había tomado el equivalente a una botella y media de vino con el estómago vacío.

Las últimas fotos conocidas indican que hubo un altercado en la puerta del Ritz. Primero se ve a Dodi discutiendo con el personal del hotel de su padre. Luego, él y Diana se agazapan en el asiento trasero del Mercedes negro. No llevan puesto cinturón de seguridad. Lo último que sabemos de los ocupantes del coche es que se estrellan contra el pilar número trece del Pont de l’Alma. Dodi ha muerto.

Un médico francés que pasó fortuitamente por el túnel intentó asistirla, sin saber de quién se trataba. La encontró con la cabeza agachada, ahogándose en su propia sangre. Corrigió su postura y por su reacción convulsiva se percató que había sufrido un traumatismo craneoencefálico. A Diana la pudieron sacar del coche una hora después del choque mientas los paparazzi prefirieron tomar macabras fotos que ayudar. Diana de Gales, princesa de corazones, ha muerto. Diana y Dodi han fallecido enamorados. Los eternos amantes de Paris. Había muerto un mito, había nacido una estrella.

Al día siguiente, mientras algunos turistas contemplaban la boca del túnel con congoja, otros se dedicaban a recoger pedacitos del Mercedes como si fueran reliquias. Alrededor del mundo, el pueblo hablaba. “Carlos tiene la culpa”, se podía oír por la calle. “Los han asesinado”, decían en el mercado. “Ha sido la Casa Real”, se cuchicheaba en la peluquería. “Los periodistas los han matado”, conspiraba la gente entre sollozos. Aisladamente, se denunciaban palizas injustificadas a fotógrafos en diversos puntos del globo. El padre de Dodi declaró que cambiaría Harrods y el Ritz por las vidas de Diana y Dodi. Pero sus vidas ya no estaban en juego. Los ingleses lloraban a moco tendido en la calle, ¡era la primera vez que un pueblo tan frío mostraba sus sentimientos!, llenaron de ramos y carteles las verjas de los palacios.

Mientras que la monarquía quería que los funerales fueran lo más pronto y discretos posibles, la familia Spencer, respaldada por el primer ministro Tony Blair, entendió la importancia social que este evento tendría, y así fue. El funeral, lleno de mentiras, se celebró en un día no laboral para que todos pudieran decir adiós a la princesa más querida de todos los tiempos. ¿Y qué pasa ahora con el problema de Carlos y a su situación de divorciado? Carlos es viudo y casado con el verdadero amor de su vida, la otra. Quiere ser rey y que Camila sea su reina. Pero tendría que enfrentarse a todo el pueblo inglés, el mundo entero adora a Diana.

Y este cuento se ha terminado, aunque ni fueron felices ni comieron perdices ni de postre bizcocho. Esta ha sido mi visión de este cuento de no hadas. En ningún momento he pretendido suplantar a los historiadores o expertos. Sí quieren saber más sobre esta complicada, excitante y triste historia, les recomiendo dos libros: Diana, réquiem por una mentira (Arcoi, 2017) y Diana de Gales: “Me van a asesinar” (Arcopress, 2007), ambos de la talentosa y meticulosa escritora y Perito Judicial Concha Calleja.

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