Anhelo un regreso a la comodidad

Opinió / Lluís Abbou

“¿Cómo va tu verano?” Esta es la pregunta más temida que alguien puede preguntarme entre los meses de junio y septiembre. ¿Cómo va mi verano? ¿Finalmente lo he hecho bien este año? Tengo la sensación persistente de que no he hecho suficientes barbacoas. También me preocupa no estar maximizando el clima usando una de esas bermudas finas y chanclas de apóstol. Debería comprar cerezas y albaricoques todas las semanas mientras están en temporada. ¿Por qué no estoy escuchando más reguetón? ¿Y por qué no estoy en la playa o en el bar de alguna azotea con lucecitas de colores? ¿Dónde están todos esos chiringuitos abarrotados? Mi trasero no ha estado cerca de una tumbona. Me estoy quedando sin tiempo para poner mi trasero en una tumbona. Podría decir que no he estado en la playa. No he estado en una verbena de pueblo.

Durante toda mi vida, todos los demás han parecido disfrutar del clima cálido; sus estados de ánimo mejoran cuando las temperaturas aumentan (mientras yo tengo más sueño que nunca y soy más lento), y planean todas estas actividades sociales de las que no he querido ser excluido (y muy a menudo lo he sido). A la gente le gusta el verano. En los días de calor abrasador cuando no puedo ver bien y el calor hace que mi piel se sienta rara, alguien invariablemente pasará con un vestido de flores y suspirará: “¿No es un día fantástico?”.

El verano significa estar afuera. Significa mirar y ser visto, de repente todos salimos de debajo de las mantas de invierno. Si eres un adicto a los morenos, el verano significaba estar tumbado durante horas en la playa, absorbiendo rayos cancerígenos, escuchando música o leyendo mientras pacientemente esperas tumbado y dando vueltas como un pollo asándose. El verano significa productos de temporada: cerezas, maíz fresco y jugosos tomates, trozos de sandía o melón con jamón. Y no olvidemos ese aspecto vital del veranito: la posibilidad de una aventura, un romance sin angustia, enamorarse de un extraño que luego no volverás a ver.

Por otra parte, agoto mi imaginación para reconstruir lo que escribió Henry James: “Tardes de verano ––tardes de verano; para mí, esas siempre han sido las dos palabras más bellas del idioma inglés [Summer afternoon]”. Veo lo que teóricamente quiere decir, por supuesto: si estuviera en la colina con césped apropiada detrás de la casa señorial correcta en la Toscana italiana con el viento agitando las hojas de los árboles y jarras de limonada helada y pasta con aceitunas negras, tomates secos, calabacín, queso Feta, ajo y aceite de Oliva, el verano tendría mucho más sentido. En ese caso, el verano serviría como un respiro, un descanso, de todo lo que es oficial y regido y apresurado y decidido. Podría recostarme en una silla de mimbre y escuchar el murmullo de la conversación mientras mi mente vaga placenteramente de un lado a otro, siguiendo un pensamiento ocioso.

Ahora me doy cuenta de que cómo va tu verano realmente significa “¿cómo de divertido eres?” La forma en que alguien responde al verano se usa como criterio para medir cuán relajados y felices están. El hombre que está cansado del señor Magnum está cansado de la vida, parafraseando al escritor Samuel Johnson. No hay forma de ocultar tu temperamento en verano. En los meses más fríos, la introversión, las neurosis y la rigidez pueden ocultarse debajo de las mantas e irse a la cama a las nueve de la noche. Pero todo sale a la luz en junio.

Si eres alguien demasiado mojigato para ir a la piscina o no lo suficientemente salvaje como para tomar una pastilla en Benicàssim o está demasiado nervioso para ir a caballo en una isla mediterránea, todo saldrá a la luz durante el solsticio. El verano hará una búsqueda en su personalidad y descubrirá todos sus secretos vergonzosos, poco geniales, tensos, con cara de cascarrabias, tacaños. Secretos tipo “en realidad, no me gusta la arena. Se mete entre la carne y las uñas y luego la encentras por todo ––el coche, la ducha, la cama…”

Anhelo un regreso a la comodidad inherente del otoño, contando los días hasta que el aire vuelva a ser fresco y pueda ponerme ese suéter azul marino de lana merino-extrafina y cachemir. Acordándome de Green Day, “Despertadme cuando acabe septiembre … convirtámonos en quienes somos, la inocencia nunca puede durar … ¡despertadme cuando acabe septiembre!” Nos leemos de nuevo cuando me hayan despertado.

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