La història de la Sala Imperial, 35 anys després de tancar

El director de la revista Perlas y Cuevas, Antoni Ferrer Vallespir, ens acosta la creació i evolució d’un dels cinemes més representatius de Manacor

A las seis de la tarde del martes 29 de setiembre de 1953 se inauguraba, en pleno centro de Manacor, (calle Rector Caldentey) la Sala Imperial. Obviamente fue todo un acontecimiento social que atrajo a centenares de invitados y curiosos con el alcalde Pedro Durán y la corporación en pleno a la cabeza. Bendijo el nuevo cine mosseèn Monserrat Binimelis.

Fue su promotor y propietario Guillermo Grimalt. Aficionado al cine, Grimalt pasó de espectador a empresario no escatimando medios a la hora de dotar a su local de los avances tecnológicos más avanzados de la época. Compró el solar, encargó los planos al arquitecto palmesano Rafael Llabrés y el constructor manacorí Bernardo Perelló, ‘Patró’, realizó las obras. El aparejador fue Mateu Thomas. Las obras duraron once meses y veinte días y costaron 3.076.000 pts. (contando la compra del solar).

 

 

La Sala Imperial fue, en su momento, uno de los más modernos cines de la isla. Sus dos proyectores eran de la marca “Western” que funcionaban con carbones que daban luz al arco voltáico, el local tenía setecientos trece metros y el aforo era de 919 butacas contando las del anfiteatro. Muy características de la sala fueron las águilas del techo, realizadas en yeso por los hermanos Cortana. Las puertas y butacas se fabricaron también en Manacor, concretamente en los talleres de José Castor. (Las águilas aun se conservan, aunque tapadas por un falso techo).

El primer programa se proyectó al día siguiente de la inauguración, el miércoles 30 de setiembre, y estaba formado por las películas “Tambores lejanos” de Raoul Walsh, con Gary Cooper (1951) y “Horas de ensueño” de H. Bruce Humberstone con David Niven. La función inaugural se anunció a beneficio de la Parroquia de Cristo Rey y los pobres de la ciudad, recaudándose unas 3.500 pts.

La entrada valía 7 pts., (5,5 las butacas del anfiteatro) y los días laborables 5 pts. Al principio las películas de estreno se proyectaban de viernes a lunes y los reestrenos de martes a jueves. En el primer programa de mano que anunciaba las películas previstas para aquel año inaugural podemos destacar “Las nieves del Kilimanjaro”, “Cuando los mundos chocan”, “Colt 45”, “Sanson y Dalila”, “Llamad a cualquier puerta”, “Violetas imperiales”, “Luisa Fernanda”, “Jennie”, “Don Camilo”, etc.

Aquellos años grises

En el Manacor de aquellos años la vida transcurría de forma falsamente plácida, tranquila, sin apenas emociones ni grandes esperanzas puestas hacia el futuro. Era la tranquilidad del miedo, el silencio de los que se saben mudos. En nuestra ciudad predominaba el gris, como gris era la vida de la mayoría de sus habitantes. Como grises eran los nubarrones que cubrían prácticamente toda España.

En Manacor el cine era de los pocos entretenimientos que existían y los aficionados y no tan aficionados tenían que repartirse entre los tres de la ciudad: el Teatro Principal, el Variedades y la Sala Imperial, sin olvidarnos del cine Novedades de Porto Cristo. En los cines eran los únicos lugares donde la gente podía evadirse, hacer volar su imaginación y ver la vida en technicolor o eastmancolor.

No hubo excesivas novedades hasta llegar a 1957, que en el terreno cinematográfico fue un año de cambios. La Sala Imperial inauguraba el cinemascope, el Variedades cerraba y abría un nuevo cine, el Goya, en la calle Padre Andrés Fernández. Dos años después, en Son Macià, se adecuó un local para poder proyectar películas.

Con los sesenta llegó la primera gran crisis del cine: el coche, el inicio del “boom” turístico y la televisión, que empezó a penetrar en nuestros hogares de forma masiva, motivaron un cambio en el estilo de vida de la gente. A medianos de los sesenta la llegada en masa de turistas supuso un soplo de aire fresco para la cerrada sociedad española de aquella época, se dejaron de proyectar películas en Son Macià y en el 69 cerraba el Teatro Principal para dar paso a un bloque de aparcamientos.

 

 

Con el cierre del Principal, la Sala Imperial aprovechó para instalar un nuevo proyector de una sola bobina que evitaba al proyeccionista estar pendiente del cambio de rollo, y que redundaba en un notable aumento de la calidad de la proyección. La película que inauguró el nuevo proyecto fue la segunda parte de “Jesús de Nazaret”, de Franco Zeffirelli, que se estrenó el 21 de diciembre de 1979.

En los ochenta llegaba una gran revolución en el sector cinematográfico: los grandes cines se iban cerrando para dar paso a los complejos de multisalas, desaparecían los viejos cines de los pueblos y los cines de barrio de las grandes ciudades destinados a reestrenos y programas dobles. Llegaba el vídeo, los canales autonómicos de televisión y el espectador era cada vez más exigente. Los cines tenían dos alternativas o reconvertirse o cerrar. Y esto es lo que hizo la Sala Imperial.

Efectivamente, el 6 de abril de 1985 -32 años después de su inauguración-, se estrenaban en la Sala Imperial las dos últimas películas antes de su cierre. El triste privilegio lo tuvieron “Pedro Navaja”, un film mejicano protagonizado por Andrés García y “Pan de ángel”, una producción española de Francesc Bellmunt y con Eva Cobo de protagonista.

El programa fracasó en taquilla ante el escaso atractivo de las películas elegidas. Fue su último programa comercial ya que el día 15 de aquel mismo mes, el local fue cedido al ayuntamiento para que proyectase un documental sobre Miró. Fue el canto del cisne de un local que ya forma parte de la historia de la exhibición cinematográfica local. Meses después, concretamente en diciembre del 85, la Sala Imperial volvía a abrir sus puertas convertida en bingo.

Los datos

“El último cuplé” y “El derecho de nacer” fueron dos de las grandes éxitos que tuvo la Sala Imperial en
sus primeros años de vida

El 6 de abril de 1985 se estrenaba el último programa de la Sala Imperial formado por las películas “Pedro Navaja” y “Pan de Ángel”

En febrero de 1972 la Sala Imperial proyectaba “Una droga llamada Helen”, una película rodada en parte en Porto Cristo que se convirtió en todo un acontecimiento social

fue el único local con escenario adecuado para poder escenificar montajes teatrales.

La crisis se ahondo en los setenta. El hijo de Guillermo Grimalt, Juan, asumió la dirección de la Sala Imperial. En febrero del 72 se estrenaba “Una droga llamada Helen”, cooproducción entre Italia, España y Francia dirigida por Umberto Lenzi y protagonizada por Carrol Baker y Jean Sorel que en otoño del 69 se había rodado, en parte, en Porto Cristo. El estreno creo gran expectación ya que en la película aparecían numerosos extras manacorins y porteños.

En 1975 fallecía el general Franco, lo que supuso la abolición de la censura y la entrada de forma masiva de centenares de películas de alto contenido erótico que inundaron las pantallas españolas durante casi los diez años siguientes. En diciembre del 75 cerró el Novedades de Porto Cristo y a finales de la década la Sala Imperial

El 30 de setiembre de 1953 la Sala Imperial proyectaba su primera película “Tambores lejanos”. Complementaba programa “Horas de ensueño”

Punto y final

Entre abril del 85, fecha en que cierra la Sala Imperial, y enero del 86 en que se proyecta la primera película en el recién inaugurado Teatre Municipal, Manacor quedó con un solo cine: el Goya. En los primeros años el Municipal tuvo muchísima actividad cinematográfica, actividad que con el tiempo fue espaciándose para dar paso al teatro.

En junio del 2000 se inauguraban los Multicines Manacor, un complejo de seis salas, -que luego se convirtieron en siete-, que significaron la muerte casi súbita del Cine Goya, que no pudo hacer nada para afrontar la dura competencia. (El Goya cerró el 31 de octubre siendo su última película “East is East” (Oriente es Oriente).

Pero volvamos a la Sala Imperial: a lo largo de sus 32 años de vida fueron miles las películas que se pudieron ver en su pantalla y centenares las obras de teatro, recitales y otro tipo de actos que se escenificaron en su escenario, pero esta ya es otra historia. Según palabras de Guillermo Grimalt fallecido hace unos años, las dos películas de mas éxito en toda la historia de la Sala Imperial fueron “El último cuplé”, que costó 4.750 pts. y se proyectó durante diez días (todo un record para la época), y “El derecho de nacer”.

Otros títulos que también fueron éxitos fueron “La violetera”, “Siete novias para siete hermanos”, “Fray Escoba”, “Sissi”, “El pescador de coplas” y un largo etc. En cambio dos fracasos sonados que recuerda Guillem Grimalt fueron “La strada” y “Un tranvía llamado Deseo”.

La mítica Sala Imperial surt a la venda

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