Opinió / Lluís Abbou

Querida Greta Thunberg:

Usted se ha declarado líder y ha dicho que su generación (que por desgracia no es muy diferente a la mía) ha comenzado una revolución. Se ha comportado como un adulto activista en contra del cambio climático que se ha dirigido sin temor a políticos mundiales. Dejó la escuela diciendo que no hay ninguna razón para estudiar ya que no hay futuro en el que vivir. En lugar de ir a clase, ha liderado las “Huelgas Climáticas de los viernes”. Su asistencia a los oleoductos ha sido sorprendente y allí declaró inequívocamente que el petróleo debe permanecer en el suelo.

En septiembre de 2019 cruzó el Atlántico en un velero “sin carbono” que no tenía inodoro o luz eléctrica. Hizo una súplica apasionada en las Naciones Unidas en la que afirmaba que le “hemos robado los sueños e infancia”. “¡Cómo os atrevéis!” chilló y afirmó que “nunca lo perdonaría.”

Ha dicho que quiere que entremos en pánico y que actuemos como si nuestras casas estuvieran en llamas. Insiste en que los países ricos deben reducir a cero las emisiones contaminantes. En sus discursos, ataca el crecimiento económico y ha manifestado que nuestra actual crisis climática es causada por “comprar y construir.” Hace una llamada a la justicia climática y la equidad, sin atacar al peor contaminante del planeta ––China–– y no se atreve a dar una conferencia en Irán sobre sus proyectos de uranio.

Proclama que necesitamos vivir dentro de los límites planetarios y “dar unos pasos atrás”. Le molestan las distinciones jerárquicas entre humanos y animales y no distingue entre un mono, un mosquito infestado de malaria y una hiena hambrienta. Pronuncia lemas como: “Hemos puesto en marcha una reacción en cadena irreversible” y aboga por el veganismo universal. Dice no compra ropa nueva, y tampoco quiere que nosotros lo hagamos. Desea que todos dejemos de volar en aviones sin darnos una alternativa sobre cómo transformar de nuevo nuestros sistemas financieros y comerciales o nuestro disfrute personal del mundo. Pocos pueden permitirse cruzar el Atlántico en un yate de $6 millones financiado por personas ricas que hicieron su riqueza gracias a los medios que usted condena como repugnantes.

Hay algunas cosas que nosotros, los humanos racionales que no nos inclinamos llenos de culpa ante usted, tenemos que decirle: nadie le ha robado su infancia o sueños. Es usted el legado de una magnífica civilización tecnológica y social. Esa misma civilización capitalista impulsada por el crecimiento ha creado las condiciones para que ahora seamos atormentados por nuestra “traición”. Es una civilización que cada día erradica del mundo enfermedades letales y que sacó a millones de la pobreza extrema. Esta civilización que tanto menosprecia le aseguró una esperanza de vida que sus antepasados jamás habrían pensado.

Aquí hay una verdad difícil de reflexionar, Greta: como niña todavía no ha hecho nada. Esto es lo que esperamos de los niños hasta el momento en que puedan aprender de sus mayores. Son, comprensiblemente, lastre social y ecológico. Aún no están cognitivamente preparados para replicar las estructuras de supervivencia de las que son beneficiarios. Los niños son partes importantes de el futuro. Son los jóvenes como tu, los de una generación presumida, que piensan que no tienen nada que aprender de los mayores, que realmente están fallando… ¿Con quién quieres navegar el Atlántico, con niños desorientados que corren a la salida de la escuela los viernes o con adultos hechos y derechos? Muchos miembros de su generación ni siquiera pueden decidir si son un niño o una niña o ambos o ninguno y no pueden comer carne sin llorar y necesitan “espacios seguros” antes de ir a la escuela. Los de tu generación tenéis una necesidad patológica de ser mimados y protegidos de las realidades desafiantes de la vida. Su generación es el mayor demandante y consumidor de dispositivos tecnológicos que arrojan carbono. Su generación es el conjunto de individuos menos curioso que uno haya encontrado.

Sí, le hemos traicionado. Le hemos traicionado dando el liderazgo a niños aburridos y con déficit de atención que escuchan tópicos que una cultura sin timón acepta porque un número significativo de sus habitantes se ha vuelto intelectualmente en bancarrota y moralmente vago. Si la civilización queda en manos de partidarios ecofascistas, terminaremos viviremos en chozas de hierba, beberemos agua infestada de heces animales y nos encogeremos de miedo frente osos polares.

Sus mismas predicciones apocalípticas se han hecho durante milenios y todavía estamos aquí. Sí, el cambio climático es una realidad, pero usted ni es la solución ni la tiene. Todavía estaremos aquí mucho después de que haya crecido y le hayamos perdonado faltar a clases, reduciendo así el coeficiente intelectual de toda una generación más.

Atentamente,

Luis Abbou Planisi

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